LARAQUERI, A LA DISTANCIA.
jueves, 14 de enero de 2016
viernes, 10 de enero de 2014
Lluvias de Huapaca
A Lyla

Ahora, como en Huapaca, llueve en la ciudad.
Pero
la lluvia tiene tu nombre
y
las primeras gotas siempre me hablan de ti
como
niños tiernos
que
llegan después del recreo.
¿Dónde
se esconden los ojos con que me mirabas?
Allá
éramos felices
como
dos orugas encabritadas de tanto horadar la noche.
Vivíamos
arrojados por la soledad,
detrás
de los cipreses y pinos
que
crecían vistiendo nuestros sueños furtivos.
Vivíamos
detrás de los vientos
que
nos decían que ese era otro país,
de
donde, quizás, jamás regresaríamos.
¿Cuándo
será marzo otra vez?
¿Cuándo
será abril o mayo, para que la nieve del patio
me
devuelvan los besos apurados
con
que me robabas el cielo que econdía para ti?
Aunque
he guardado algo de ti para el camino;
yo,
sin embargo,
vuelvo
a ese lugar olvidado de las vacaciones.
Voy
en silencio, para hallar tus palabras
que
vestían los amaneceres.
Voy,
aunque mis lágrimas
sean la única forma de lluvia que conozco,
cuando la distancia y tu silencio se clavan en mi corazón.
sean la única forma de lluvia que conozco,
cuando la distancia y tu silencio se clavan en mi corazón.
Enero de 2014.
sábado, 4 de enero de 2014
PRONTO "LA OTRA MIRADA" de Luis Pacho
LA OTRA MIRADA
Luis
Pacho
Serie de narrativa
breve Presagio Nº 11
Grupo Editorial Hijos
de la lluvia
Pp. 96
ISBN: 978-612-4177-09-5
Lima, 2013
Estos nueve relatos proponen un recorrido por los territorios que
colindan la memoria y la imaginación. Luis Pacho no sólo vierte aquí sus
recuerdos, sino que indaga en la memoria colectiva. Los nombres y los
referentes de estas historias están sacados de la realidad, pero sus actos y
palabras son fruto de la más elocuente y descarnada sucesión de memorias
fabulescas. Hurgando en sus propios recuerdos, el autor ha construido un mapa
de ausencias y lejanías para hablar de los duros días de la infancia y de la
juventud, del desgarro que supone vivir en un mundo sórdido donde no hay lugar
para la carencia y la ingenuidad. En estos textos los personajes buscan lo que
no se tiene, anhelan lo prohibido, lo que está más allá de las reglas: lo
imposible. Ellos saben, presienten que nunca conseguirán lo que quieren. Estos
personajes son como las soledades persistentes que sobreviven en los ichus y en
la cima de los apus. Son los mismos que ahora invitan al lector a pasear por un
espacio sincrético, mágico, poético, realista, andino, melancólico; todos casi
en partes y medidas iguales. Es con estos breves textos que Luis Pacho pone a
nuestro alcance un muestrario de lecciones de ausencia y desasosiego.
Darwin
Bedoya
Tomado de: http://darwinbedoya.blogspot.com/
jueves, 26 de septiembre de 2013
COLOQUIO
DE POESÍA: “Animales imaginarios” Poesía puneña contemporánea. La vanguardia,
neovanguardia, indigenismo, tradición, en la 5ta. FIL-Arequipa 2013
El Grupo
Editorial
Hijos de la lluvia
tiene el
agrado de invitarlos al Coloquio de poesía
“Animales Imaginarios”
Poesía puneña
contemporánea
La
vanguardia, neovanguardia, indigenismo, tradición
Participan:
Filonilo Catalina, Rubén
Soto, Juan Yufra,
Luis
Pacho, Darwin Bedoya,
Carlos Mendoza, Saúl
Castellanos
Modera: Walter
L. Bedregal Paz
Día: SÁBADO
28 de setiembre, en la Sala de Audiovisuales
Horas: 15:30 horas.
(Parque
Libertad de expresión- Umacollo – Arequipa)
LOS ESPERAMOS…
Coloquio de narrativa puneña contemporánea. QUE
NO TE LO CUENTEN. La vanguardia, indigenismo, realidad, ficción y
tradición… en la 5ta FIL Arequipa-2013.
El Grupo
Editorial Hijos de la lluvia
tiene el
agrado de invitarlos al Coloquio de
narrativa
puneña contemporánea
QUE NO TE LO CUENTEN
La vanguardia, indigenismo, realidad, ficción y tradición...
Participan:
Bladimiro Centeno, Adrián
Cáceres Ortega,
Christian Reynoso, Darwin Bedoya,
Luis Pacho, Victor
Villegas,
Miguel Ángel Cáceres Calvo, Javier Núñez
Modera: Walter
L. Bedregal Paz
Día: SÁBADO
05 de octubre
Lugar: Auditorio
"Oswaldo Reynoso"
Horas: 19:00 horas.
(Parque
Libertad de expresión- Umacollo – Arequipa)
LOS ESPERAMOS…
martes, 24 de septiembre de 2013
Presentación de LA OTRA MIRADA
Serie de narrativa breve Presagio Nº11...
del narrador Luis Pacho
El día VIERNES 04 de octubre
Lugar: Auditorio “Sala audiovisuales”
Hora: 16: 00 p. m.
Los comentarios estarán a cargo de
Walter L. Bedregal Paz y Darwin Bedoya
(Parque Libertad de expresión- Umacollo – Arequipa)
LOS ESPERAMOS…
Serie de narrativa breve Presagio Nº11...
del narrador Luis Pacho
El día VIERNES 04 de octubre
Lugar: Auditorio “Sala audiovisuales”
Hora: 16: 00 p. m.
Los comentarios estarán a cargo de
Walter L. Bedregal Paz y Darwin Bedoya
(Parque Libertad de expresión- Umacollo – Arequipa)
LOS ESPERAMOS…
lunes, 23 de septiembre de 2013
DÍA DEL ESTUDIANTE
23
de septiembre: Día de la aviación, de la técnica, de la juventud, de la
primavera; y, también día del estudiante.
Bajo
el título de Yemo, en setiembre del 2011 publiqué este artículo en el diario
Los Andes de Puno, a manera de homenaje a esos estudiantes que se forjan la
vida en el silencio y anonimato.
YEMO
Tenía
25 años y un rostro de niño envejecido. Yemo Mamani Yaja, era el segundo de
siete hermanos y estudiaba el cuarto de secundaria, allá en el CESTI
“Perú-Birf” de Juli de los años 2000. Nació en el mismo corazón del Ande, en
Collini, una comunidad ubicada a más de 10 Km . de Pomata, en la provincia de Chucuito
al sur de Puno. Lo cual desde ya es una fortuna y una desgracia a la vez. En
este Perú diverso, de fracturas y diferencias sociales encontradas, Yemo quizás
sea el retrato de esos miles de estudiantes que viven en la marginalidad y
muerden el polvo de la pobreza, en medio de un sistema que no es capaz de abrir
los ojos a esas poblaciones que viven lejos de los muros de Lima.
Golpes
de la vida las conoció desde que estuvo en el vientre de su madre. ¿Quién no ha
sufrido esos golpes de los que nos habla Vallejo? Pero lo que le sucedió a sus
12 años fue el mayor golpe de su vida, y del que aún tenía memoria. Una
enfermedad, según él, hereditario, lo regresó de súbito a los pañales. Sus
padres le habían dicho que él era un alegre estudiante de quinto de primaria, y
que una tarde, después de la comida, luego un temblor extraño, murió por unas
horas. Abrió los ojos, luego del golpe al cerebro, pero no era él. No podía
moverse, y se vio sumergido en un mundo de inconsciencia por más de un año y
medio. Literalmente no se acordaba nada. Y cuando volvió a la realidad, lo más
cercano que tenía, era el cuidado maternal de su madre. Entonces vino lo peor,
sus padres tuvieron que enseñarle los segundos y primeros pasos a un
adolescente que repentinamente volvía a la infancia. Enjuagándose las lágrimas
y en un perfecto aymara, me dijo que muchas veces, en esas horas difíciles,
rogó a los dioses para que el sol nunca más saliera para él o que las ánimas
benditas se lo llevaran después de una oración silenciosa. Le dolía hasta el
hartazgo ser una carga para su familia que vivía pendiente de él.
Era
la Epilepsia ,
ese mal que en las comunidades del Ande se mezcla entre la verdad y la mentira,
entre la realidad y el prejuicio. Pues, cuando despertó –sin saber, si Dios o
el mismo diablo le pusieron los ojos y la razón sobre la tierra-, fue como
nacer nuevamente. Volvió a deletrear las primeras palabras, aprendió a estarse
erguido y dar los primeros pasos, retomó lentamente el habla y reaprendió las primeras
operaciones matemáticas. Y así, como si naciera un sol infantil con la
esperanza en pañales, retomó la escuela. Le costó tomar conciencia que era un
niño grande, muy grande para estar en los primeros grados de la primaria. Pero
la tragedia vendría después, una vez en el colegio no pudo capear la malicia de
los compañeros y algunos profesores que le motejaron con un sobrenombre que
minó lentamente su autoestima. Entonces decidió retirarse y dedicarse a
realizar trabajos manuales para proveerse de medios económicos para su
subsistencia. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para entender que su pobreza y
la epilepsia, no tenían que ser obstáculos para proveerse de un poco de saber
en la educación secundaria que jamás debió dejar. Fue en esas circunstancias
que lo conocí. Sus padres lo habían matriculado en el CESTI “Perú-Birf” de
Juli, muy lejos de su comunidad.
¿Cómo
sé mucho o poco de él? Una mañana convulsionó en pleno desarrollo de clases en
el laboratorio de biología. Atiné junto a sus compañeros con asistirle y darle
los primeros auxilios. Fue terrible, pero no extraño. Alguien muy cercano a mí,
sufre de este mal, además de tener alguna noción elemental. Sé que los
estudiantes de las comunidades tienen una y cien dificultades, pero Yemo era un
estudiante regular en el aprendizaje, disciplinado, empeñoso y puntual con sus
tareas. Aún tenía problemas en el habla, tartamudeaba y de vez en cuando rezaba
para que las convulsiones no se manifiesten en horas de clase. Vivía en un
cuarto alquilado acompañado de sus hermanos que estudiaban en la primaria y la
secundaria. Su fortuna se reducía a una cama que tenía por colchón pieles de
ovino, unos cuantos utensillos de cocina y un mechero para iluminar la
oscuridad del cuarto. Por las noches trabajaba de ayudante en una panadería
para procurarse algo para solventar sus gastos. Por las mañanas, hacía el
desayuno para sus hermanos, los encaminaba a la escuela y luego el venía al
suyo. Cada quince días, su padre también venía con las algunas provisiones.
Ahora
que han pasado raudos, más de 10 años, ¿qué será de su vida? No es difícil
imaginarlo en su comunidad aporcando el cultivo, arreando su ganado,
participando en las faenas comunales, bailando en sus fiestas, cantándole al
sol del alba o cultivando estrellas en el silencio nocturnal de su Collini.
Pienso que su vida discurrirá al compás de los riachuelos y acequias,
masticando la soledad, la escasez de las lluvias o mordiendo la tristeza de ver
la poca producción del año. O tal vez, como hacen muchos pobladores de la zona,
haya migrado a Tacna, Arequipa u otra ciudad de la costa, donde probablemente
se gane la vida como peón, albañil, agricultor en algún valle o cobrador de
microbús, o quizás se pasee en un auto último modelo como un próspero
comerciante o profesional. Pues, apenas acabó la secundaria, no supe más de él.
A veces me asalta la idea del agravamiento de la epilepsia, y hoy sólo viva su
recuerdo. En cualquiera de los casos, en este día del estudiante, podría
enumerar el nombre de muchos que he tenido en las aulas, y cuyos rostros parece
que veo. Muchos marcaron mi corto trajín en el magisterio, muchos de cuyas
vidas aprendí y aprendo todavía.
sábado, 7 de septiembre de 2013
Reconocimiento
de la UNA
En horas del tarde del viernes 06 de septiembre de 2013, bajo la
denominación de Premio Excelencia 2013, la Universidad Nacional del Altiplano
de Puno en sus 157 aniversario, distinguió a destacadas personalidades de la
región. Por mi parte, no creo merecer el honor de este reconocimiento; sin
embargo, agradezco a mi universidad y a quienes han tenido la deferencia de
proponer mi nombre. En la foto, una parte de la generación del 90’: Simón Rodríguez,
Walter Paz, Luis Pacho y Víctor Villegas.
domingo, 25 de agosto de 2013
La
Biblioteca Puneña
Por Henry Esteba
En 1997 yo asistía voluntariamente a
las clases de Literatura y Gramática y algo de Filosofía de la UNA-P, la
Universidad tenía fama de tener profesores de estatura como Feliciano Padilla,
Juan Luis Cáceres, Jorge Flórez y Sonia Benavente. Mi afición por la literatura
me llevó a esas aulas, yo coleccionaba libros de literatura y otros documentos
vinculados a Puno. Llegué a hacer varios amigos, con los años, sus maestros
también me brindaron su amistad, en diversas actividades culturales me vinculé
con la bohemia de los estudiantes de la especialidad de Lengua y Literatura,
que por cierto no fueron muchas; no creo que se hayan formado muchos alumnos
sobresalientes cuyos nombres se recuerden, a decir verdad muy pocos, hoy sus
nombres no llegarían a ocupar dos líneas y sobre sus profesores tampoco quedan
muchos, con los años también se han ido cayendo poco a poco, ya por su
inconstancia, por su pedestal inmerecido y otras actitudes que la vanidad ha
procurado para con ellos.
Con un grupo entre quienes se encontraban
José Luis Velásquez Garambel, William Samuel Ayma Flores, Alex Dennis Mamani
Laurente y quien escribe, durante varios años rendimos culto a Gamaliel
Churata, organizábamos la visita a su tumba; así como: conferencias, recitales,
hasta que alguna vez el grupo se incrementó tanto que sobrepasó en número lo
que habíamos previsto; Churata era nuestra bandera, nuestras actividades
giraban en torno a los Orkopata, luego el grupo tuvo que dividirse. Mientras
dejé que digitalizaran el Teatro de Inocencio Mamani, viajé a la Argentina por
motivos familiares, luego laborales; hasta que a mi vuelta por Bolivia, nuestra
ciudad y luego a Lima, por cuasi las mismas peripecias. La vida no es fácil
para nadie, el mérito quizá se halle en el rostro que cada quien le imprime a
las adversidades.
En 1992 había conocido a Edy Oliver
Sayritupac y la amistad de Walter Paz; así como el poemario en mimeógrafo de
Samuel Bravo y el rojizo Desatando Penas de Simón Rodríguez Cruz y luego vino
la cercanía con los poetas de fines de siglo que tuvo su lazo con Luis Pacho,
Víctor Villegas, Rafael Vallenas y otros. “Puno se ha convertido en el
epicentro cultural más importante del Perú, en la cumbre literaria y cultural”
como dice Ricardo Gonzáles Vigil, se han fortalecido también los vínculos con
Omar Aramayo, José Luis Ayala, Hernán Cornejo-Rosselló; cada quien tiene su
propio temperamento y al final las diferencias no cuentan, solo importa el amor
a Puno, todo por Puno y la labor y el trabajo que ellos desarrollan engrandecen
a Puno, ese es el aprendizaje que nos legan.
He sido testigo y parte del impulso,
del trabajo que se ha emprendido para poder publicar “la Biblioteca Puneña”,
durante varias horas, durante varios años cada quien armó su posible relación
de autores y de obras que serían imprescindibles para los puneños (y también de
los libros que todo puneño no debe leer), sé de los esfuerzos conjuntos de José
Luis Velásquez y Omar Aramayo por crear un fondo editorial, ya con el
Ministerio de Educación, con el Gobierno Regional, el Municipio de Puno, todos
sus esfuerzos calaron en fracasos. No harán dos años que nos reunimos con José
Luis y amalgamamos un nuevo proyecto, con las bases de los anteriores, pulimos
los alcances y lo presentamos a la Oficina de Proyección Social de la UNA-P,
nos recibió Sofía Benavente Fernández (entonces jefa de esa dependencia), lo
derivó a Rectorado.
Poco antes José Luis ocupó un cargo
político en la Municipalidad de Puno, no pudo con la mentalidad gris y vacía de
las autoridades, con la corrupción del entorno y tuvo que salir; el ambiente no
era propicio para un proyecto de esta naturaleza, a nadie en ese recinto le
importa Puno, la cultura no existe y no es prioridad para esta gestión. A pesar
que peleó por un presupuesto para “los famosos munilibros” junto a José
Calisaya Mamani, el esfuerzo no prosperó, José Luis renunció al cargo con una
carta decorosa para él, nunca le han gustado las medias tintas y menos se
habría coludido con la corrupción, hubo quien se aprovechó del proyecto y lo
hizo ejecutar, el presupuesto se echó a perder, solo sacaron “mini libros” en
todo el sentido, se hicieron remedos; el futuro juzgará sobre los gastos y el
enorme presupuesto que los responsables tenían a cargo.
Jorge Florez-Áybar tenía un proyecto
que consistía en publicar un “libro jubilar” dedicado a la Universidad, convocó
a varios escritores para que escribieran artículos para el citado texto, era un
proyecto pequeño, cuando hablamos con él sobre la edición de una biblioteca
entera dijo que era sobrehumano, que no se podía hacer, que era imposible; pero
ahí están los libros y Jorge Flórez brindó el respaldo, ganó el proyecto de la
Biblioteca Puneña, Florez-Áybar no podía creerlo, más cuando José Luis explicó
y expuso los fines de una publicación de tal envergadura ante el Dr. Lucio
Ávila (Rector de la UNA-P) quien lo propuso ante el Consejo Universitario y se
compró el pleito, el Rector peleó contra pequeños tirios y miniaturas de
troyanos para impulsar este proyecto que hoy se ha hecho real, él se ha
convertido en la cabeza de este esfuerzo, sin su decisión y su permanente apoyo
no se habría materializado y seguiría siendo un proyecto.
Pero qué se puede esperar de un
hombre que ama Puno, que piensa y respira Puno, ahí están los concursos de
estudiantinas en los que participan cada facultad (con sus maestros, alumnos y
administrativos), el concurso de Sikuris, los reconocimientos a los
intelectuales e investigadores de la región, de alguien que ha impuesto una
cultura de la identidad a fuerza de carácter y temperamento en la Universidad.
Que con una visión moderna ha reconstruido y construido la infraestructura del
campus; pero no todo es rosa ni clavel, si pudiera él hacer que los maestros
universitarios vayan acorde con su ritmo el asunto sería formidable; la cosa no
es tanto así, los profesores aún no están contagiados de este espíritu superior
de “generar cultura y cambio”, no soñemos tanto, no todo es perfecto, estos
esfuerzos sí son sobrehumanos y nosotros apenas viviremos tan pocos años y
quizá no veamos tales cambios que habrían hecho de Caín un angelito y ni qué
decir del ámbito administrativo que se ha convertido en el Caifás de la
historia (con claras excepciones).
Es verdad, hay que juzgar a José Luis
Velásquez y hay que condenarlo por haber elegido a las personas con las que se
trabajó “la Biblioteca Puneña”, equipo que según Omar Aramayo “cualquier
universidad quisiera contar para acreditarse”, todos egresados de la UNA-P,
incluso yo, que provengo de las canteras del Pedagógico Público de Puno y que
estudié una maestría en la UNA-P. (y lo digo sin modestia), un equipo
conformado por Moisés Bustincio Cahui (editor gráfico y motor de la
responsabilidad en el equipo, a quien se le tuvo que interrumpir sus vacaciones
hasta el día de hoy, porque como él no existe otro editor gráfico en toda la
Universidad), Yemira Maguiña Cutipa (digitalizadora y correctora), Armando
Villanueva Turpo (digitalizador), Yessenia Ancco Almonte (digitalizadora),
Julia Chávez (apoyo), Luis Rodríguez Limachi (apoyo), Henry Velásquez (apoyo), Danitza
Churata (apoyo), Walter Díaz Montenegro (digitalizador y corrector) y Juan
Condori Chambi (apoyo) y quien escribe estas líneas como digitalizador y
corrector (alguna vez como jefe del equipo de digitalización, que fui
defenestrado por Jorge Flórez, seguramente por un desaire) y claro con José
Luis Velásquez Garambel como editor y coordinador general (quien además cargó
con el estrés y sufrió los embates de este peso, no son pocos los dos pre
infartos y la parálisis de medio cuerpo que sufrió en la ruta; pero “mala yerba
no muere”, así que tiene para rato, para disgusto de muchos que ya lo quisieran
ver seis metros bajo tierra), Jorge Flórez-Áybar como presidente de comisión
(más terco que nunca) y ahí está la Biblioteca Puneña.
Las críticas pueden ser varias; pero
nunca se pondrá en tela de juicio nuestro esfuerzo, que tuvimos que batallar
contra las inclemencias de la administración que nos impuso limitaciones y que
ya casi al final recién se nos facilitaron los equipos necesarios (como
computadoras y escanners y que el mismo Rector nos prestó el suyo para que
podamos cumplir con los objetivos), tampoco la dedicación y las horas
empeñadas, ni los escasos recursos que tuvimos, menos la delicadeza ni el rigor
con que trabajamos, tampoco la honradez ni la ética con que cumplimos al tratar
el trabajo de estos autores a quienes Puno les debe su grandeza.
Creo que las expectativas han sido
cumplidas (el futuro nos juzgará por esto), se han recuperado textos muy
valiosos como: el diccionario de Ludovico Bertonio, La visita hecha a la
provincia de Chucuito de Garci Diez de San Miguel, el Pez de Oro (en facsímil),
narradores del Orkopata, poesía de vanguardia, la Monografía del departamento
de Puno, Puno Histórico. 50 libros resultan innumerables, y son la primera
tanda de esta Biblioteca. Ojalá estos libros hallen a sus lectores, sean
asequibles al público común, a lectores impenitentes ávidos de cambio y
responsabilidad social.
Quien no lea estos libros se habrá privado del legado de los hombres que
hicieron de este espacio una tierra de pensamiento y de luz, no podrá hablar de
Puno, no podrá considerarse puneño, porque en esta biblioteca se hallan las
fuentes de nuestra identidad y de nuestro orgullo y por qué no decirlo, también
el futuro.
Tomado del diario Los Andes (25/08/2013)
domingo, 18 de agosto de 2013
BIBLIOTECA PUNEÑA: ¡50 LIBROS!
En
un hecho sui generis, la Universidad Nacional del Altiplano, acaba de editar la
colección bibliográfica denominada Biblioteca puneña, con 50 libros de diversa
temática. ¿A quién le debemos esta proeza, a decir del docente de la PUCP y
crítico literario Ricardo Gonzáles Vigil? Desde luego que a la decisión
política de su Rector, el Dr. Lucio Ávila Rojas, los Vice Rectores que lo
secundan; y, la propuesta y perseverancia de José Luis Velásquez Garambel,
respaldado por Jorge Flórez-Aybar. Hemos visto de cerca el trabajo del equipo
que estuvo al frente, haciendo el trabajo del escaneado, digitación y
diagramación. En un pequeño ambiente del sótano del edificio administrativo de
la universidad de la Av. El Ejército, creo que apenas con dos o tres
computadoras, scaners, rumas de libros y un entusiasmo a prueba de frío, sed y
sueño. Ahora es preciso mencionarlos. Entre ellos, a su Presidente, el Prof.
Jorge Flórez, al mismo José Luis, a Moises Bustincio Cahui, Henry Esteba
Flores, Verónica Ancco Almonte y Yemira Maguiña. A quienes también va nuestro
reconocimiento.
Conocíamos
los proyectos para la edición de libros, presentados por Omar Aramayo y José
Luis Velázquez Garambel tanto al Gobierno Regional de Puno como al Municipio de
Puno, con resultados infructuosos desde luego. Pero, los años han pasado, y en
el camino hemos visto algunos esfuerzos, como es el caso de la Municipalidad
provincial de Puno, que ha vertebrado la valiosa, aunque breve serie de los Munilibros.
Sin embargo, es la Universidad Nacional del Altiplano, reiteramos, que, en un
esfuerzo sin precedentes, ha editado estos 50 libros, además de más de una
centena de otras publicaciones de investigación. Bien por la Universidad y bien
por Puno. Aquí habría que hacer algo de historia. Desde hace muchos años atrás,
fue el sector literario (especialmente, actores de las últimas generaciones),
quienes propusieron la creación de un fondo editorial destinado a la edición de
libros, no sólo de poesía o narrativa, sino también, libros de otras materias o
para reeditar libros hito que ya no estaban en circulación. Desconocemos si el
Rector de la UNA leyó u oyó este reclamo. Ahora bien, quizás esa confluencia de
manifiestos en revistas, entrevistas o programas radiales de corte cultural,
haya hecho que José Luis Velásquez Garambel diga generosamente, que la
materialización de estos libros, es también producto de un reclamo
generacional. De algún modo, creo que lo es.
Al
dar una mirada rápida a los títulos, vemos que la colección es rica y variada: literatura,
historia, antropología, sociología, folklor, etc. Aquí están libros fundacionales,
como la esperada edición facsimilar de El
pez de oro de Gamaliel Churata, además de Resurrección de los muertos, del mismo autor. Figuran también
libros como la crónica Visita a la provincia de Chucuito publicada en 1567 por Garci Diez de San Miguel; Monografía de Puno de Emilio Romero; Puno histórico de Alfonso Torres Luna; Cambios en Puno de Francois Bourricaud; Vocabulario de la lengua aimara de Ludovico Bertonio, publicada en
1612; Historia de Puno. Tomo I del
investigador René Calsin Anco; la compilación efectuada por Pío Chambi bajo el
título de Lingüística Regional Puneña;
La Prensa en Puno de Henry Esteba
Flores; el clásico estudio de la Educación
en Puno de José Portugal Catacora; asimismo, Simón Bolívar en Puno y otros ensayos bolivarianos, Conflictos Aymaras, Sikus y Sikuris del Titiqaqa, Lanas
y movimientos indígenas en Puno, entre otros. Esta colección compila
también la importante producción poética de la vanguardia puneña de los años
veinte del siglo pasado, entre ellos Carlos Oquendo de Amat, Alejandro Peralta,
Emilio Armaza, Alberto Mostajo, Luis de Rodrigo y Emilio Vásquez, bajo el
acertado título de La vanguardia puneña.
Desde luego que hay un peso evidente por valorar la producción literaria de
Puno. A lo señalado anteriormente, se suman la edición de los libros de
escritores de las generaciones del 50, caso Dante Nava, de los 60’, 70’, 80’ y
90’. No pasan desaparecidos los libros de Luis Gallegos Arreola, Feliciano
Padilla, Zelideth Chávez Cuentas, José Luis Ayala, Boris Espezúa, Alfredo
Herrera; así como, de escritores de las últimas hornadas.
En suma, este esfuerzo editorial prestigia
a nuestra universidad, hará que las nuevas generaciones se nutran de ella; y,
sobre todo, será una
fortaleza para que nuestra universidad logre su anhelada acreditación. Por eso, es plausible el
trabajo de la universidad por tomarse en serio el tema cultural. Basta
mencionar los concursos de Estudiantinas y sicuris, a nivel de todas las
escuelas profesionales, y el reconocimiento a los intelectuales y artistas
puneños. Sin embargo, quiero llamar la atención respecto de dos aspectos
puntuales. A fines de los noventa y principios de este siglo, desde la Oficina
de Proyección Social de la UNA, se realizaba sostenidamente, año tras año, los
Juegos Florales universitarios. Digo se realizaba, porque ahora está
desaparecido. Una pena, porque este fue un espacio de incentivo a la creación
poética, narrativa, pintura, música, etc., tanto a nivel de docentes y
estudiantes. Las universidades más prestigiosas del país, sostienen
fervorosamente estos eventos. ¿Por qué? La respuesta es obvia. Lo otro, es lo
que aparentemente está a punto de ocurrir en Escuela Profesional de Educación.
En una conversa amical con un docente de literatura me entero que a partir del
próximo semestre, se eliminará del plan de estudios la cátedra de Literatura
Regional. Otra pena. Ahora que nuestra literatura estaba camino a consolidarse
desde la academia, vemos que el sable es esgrimido, lamentablemente, por
algunos profesores de la misma facultad, carentes de reflexión y amor por Puno.
O, ¿está ex profesamente dirigido para que determinadas personas no ingresen a
ella como docentes? Vaya a saberse las “brillantes” razones que los llevan a
tomar estas decisiones. El Rector, ¿puede hacer algo, en ambos casos?
Tomado del diario Los Andes (18/08/2013)
martes, 6 de agosto de 2013
CRÓNICA
Lyla
________________________
Luis Pacho
Entonces,
dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué
palabras?
PABLO
NERUDA.
Pese
a que sus ancestros son lampeños, Lyla, nació casualmente y
vivió su infancia en Arequipa; pero, su primaria y secundaria la pasó en Lampa
e hizo su formación profesional en la ciudad de Puno. Después, como ocurre casi
siempre, su vida transcurrió entre los vaivenes y entresijos del tiempo, hasta
que la conocí hace algunos años en un colegio del medio rural de Pomata, cuando
yo trabajaba en la Ugel. Pero ese detalle se pierde en el tiempo; ese tiempo
que también me la puso en el camino que hoy recorremos, a manera de dos
furtivas aves que llevan el nombre del uno y el otro. Un día, yo puse el cielo
de Pomata en sus manos y ella pintó de rosado mi corazón en Lampa.
A Pomata le llaman el Balcón filosófico
del altiplano. Debe ser por los intelectuales y la forma de su geografía. Yo
trabajé en ese pueblito hace ya muchos años. Aquellas veces, a pesar de sus
atractivos turísticos, tenía unos contrastes dignos de resaltar. Enormes casas
de aspecto colonial con iguales portezuelas de madera maciza circundaban una
amplia plaza dividida en cuatro espacios, donde crecían lozanos lirios, dalias,
margaritas y otras plantas de jardín. Al centro, una pileta herrumbrosa y seca
adornaba con su mutismo arcaico sus pasadizos casi desérticos. Alrededor se
apostaban el Municipio, el Banco de la Nación, el Puesto policial y el enorme
templo Santiago Apóstol que ostentaba un aire alevoso en medio de esas
construcciones diversas. Digamos que eso era el centro; en cambio, en los
extremos, las casas no eran sino típicas de la región, de adobe y paja o de
adobe y calamina, pocas edificadas con ladrillo y cemento. Sus callecitas
adoquinadas recorridas por repentinos riachuelos daban la impresión de ser una
arquitectura pretérita, lejos del atisbo de la modernidad. Pero ahora, Pomata
luce bella como siempre, con ese toque moderno propio de los tiempos. De modo
natural resalta todo ese conglomerado heterogéneo asentado sobre una base
pétrea de una inconfundible forma de balcón y con una hermosa vista a las aguas
cristalinas del Titicaca. Una muestra es el mirador hacia el lago, construido
hace pocos años. En medio de ese aire subliminal con que el pueblo envuelve a
sus visitantes, Lyla y yo, recorrimos sus calles, admirando su geografía y
descubriendo sus secretos. Corrimos de Kollihuerta a K’uripata, nos elevamos
por el Utiraya hasta tocar las nubes que poblaban el cielo azul, para
descubrirnos al día siguiente oyendo “Eres” de la cantante española Massiel y
pintando nuestras siluetas en ese mismo mirador, viendo las aves del lago parloteando
en las orillas y otras perdiéndose en el horizonte. Desde allí contemplamos los
pueblos de Yunguyo, Copacabana y ese Apu misterioso, como es el Khapía. Quizás
prometimos viajar algún día a la isla del Sol que la veíamos frente a nosotros,
mientras me miraba extasiada por la brisa que venía desde el interior. Yo diría
que Lyla vino como un sueño, como la brisa misma, como un ave olvidada. ¿O, yo
era ese pájaro herido en medio de la lejanía, que ella curaba con sus besos y
palabras?
Tiempo después, me llevó a Lampa, un
pueblo tranquilo y apacible, a treinta kilómetros de Juliaca. Cosas de la vida,
era la primera vez que la visitaba. Luego de ir al cementerio donde reposan los
restos de su abuela, Lyla va a visitar a su tía mal de salud, la razón principal
del viaje, y yo me quedo en una de esas calles que me recuerdan los tiempos de
la colonia. Ella no tardará más de una hora, pero su ausencia me oprime el
corazón. Contemplo embelesado y con cierto temor el templo, también llamado
Santiago Apóstol, labrada de piedra andina, donde reposan los restos de Enrique
Torres Belón, insigne político puneño. Solo la miro de lejos, antes de irme a la
plaza de armas, donde crecen lozanos queñuales, rodeado de hermosas casas de
origen colonial. He repasado la historia de Lampa a través del mural pintado en
el frontis del municipio, donde se llevara la I Bienal de Arte “Victor Humareda Gallegos”
y el II Encuentro de Escritores Peruanos- Lampa 2009, al que
no pude asistir. Para distraer el paso del tiempo, me recuesto en una banca,
levanto la mirada y veo que la torre del templo se yergue imponente en el cielo
azul. Al cabo surcan nubes blancas y la torre parece que viajara con los pajarillos
piando en sus recovecos. En silencio evoco a Humareda, que se hizo famoso pintando
a Marylin en el Hotel Lima de Lima; pienso en Zacarías Puntaca, componiendo el
Huajchapuquito mirando a sus sobrinos huérfanos. Pienso en ese tiempo, cuando
el cobre, el estaño y la plata atrajeron a andaluces, extremeños y vizcaínos. Pero
el calor hace que me incorpore de la banca para ir por una gaseosa y volver a
la plaza Grau y mojarme en el agua que brota de la pileta. Me siento a esperar
pacientemente, y de pronto Lyla aparece por una esquina. Sonríe cuando me tiene
cerca y me pregunta por las cosas que vi. Me pide que entremos al templo para
mostrarme el lugar donde cantaba cuando adolescente formaba parte del coro. Yo le
digo que no, que me da miedo, aunque la razón era otra. Entonces me dice que vayamos
a almorzar, susurrándome palabras que pintan de rosado mi corazón. En la
pequeña pensioncita se oye las canciones de la Estudiantina Lampa que acrece
ese sentimiento lampeño mezclado de nostalgia y recuerdo. Esta vez Lyla se
sumerge en sus pensamientos y solloza en silencio. Gruesas lágrimas surcan sus
mejillas, mientras me esfuerzo por consolarla. Me dice que es la salud de su tía,
pero yo sé que es algo más que eso. Es también el recuerdo de su abuela que fue
como su madre, porque de su madre mejor no acordarse. A pesar de esa historia
dolorosa, a Lyla no le falta una sonrisa, ella es la calma en el vendaval, la
palabra precisa en la melancolía. Lo sé, porque un rato después se oye Quien va
a lampa cae en la trampa, ese clásico tema musical que identifica a esta
tierra. Entonces ella me mira y me sonríe. Su belleza y simpatía, trae ese sol
infantil que borra todos los muros que nos separan. Lo cierto es que estábamos
lejos, lejos de los ojos del miedo.
Al cabo, caminamos por las dos plazas,
sus calles contiguas y bajamos hacia el río donde me dice que reaprendió a
nadar. A lo lejos se oye la música de un matrimonio. La señora de la tienda, al
vernos pasar, dice que por su calle también pasan los matrimonios. No
terminamos de reírnos, cuando ya estamos en medio de ese puente colonial bañados
por ese vientecito que despeina sus cabellos. Mientras miramos las pocas aguas
que corren por la temporada, imagino sus años juveniles en Lampa, hasta parece
que me mirara desde la distancia. A esas horas, las dos cervezas nos
abstraen por momentos, y le digo que me cante Yendo a Lampa… Ella canta. Su voz
me
acerca al cielo, donde hay una avenida construida para nosotros, esa avenida que nos
devuelve el espejo para volver a casa. Pero ¿caí en la trampa? No hay trampa,
es una forma sutil para decir que esta tierra y su gente nos acogen con su
belleza y su encanto. Dejamos el puente y el río, y me
lleva por la Plaza de toros. Aunque soy antitaurino, yo la escucho porque ella
funge de guía. En seguida, una amplia avenida nos conduce cerca de la Cárcel de
mujeres, que sobrecoge mis sentidos. Recuperamos la calma, y me habla de su
infancia, de su colegio, de los amigos que tuvo, las fiestas y anécdotas que
vivió, hasta que avistamos el lugar que hace de terminal terrestre. Y ¿la
réplica de la Piedad de Miguel Ángel, los Ayarachis, la Casona de la Oca? Será
para un próximo viaje, me dice.
El día se ha ido raudamente. Las
primeras sombras de la tarde empiezan a caer lentamente. Sentado en la combi, un
ligero sopor adormece mis sentidos. Miro a Lyla, y algo cambia en su rostro. Oigo
algunas palabras que me dice siempre, pero ahora es como si el tiempo
retrocediera de veras. Tiene menos años, tal vez es el tiempo del instituto, cuando
yo paraba concentrado en un balón de básquet como suele decirme. Veo que aparece
por la esquina de la plaza, nos perdemos entre los vericuetos de esas
callecitas rosadas, toma mis manos y me besa discretamente. A lo lejos, parece
que leo un poema, no sé si de Vladimir o Alfredo Herrera. Desde ese lugar del
pasado, Lyla, mirándome a los ojos, me dice que algún día nuestros caminos se
unirán para siempre, que no importarán las barreras que nos deparará el destino,
con tal que nuestros nombres estén grabados en nuestra mente y nuestros
corazones.domingo, 9 de junio de 2013
Poesía escogida de Czeslaw Milosz
A
través de la poeta Gloria Mendoza Borda, hace ya un buen tiempo, accedí a este
libro del poeta, novelista, traductor y ensayista polaco Czeslaw Milosz (Szetejnie,Lituania, 1911-Cracovia, Polonia, 2004), a la
vez, Premio Nobel de Literatura de 1980. Lo recibí gratamente, ya que me lo
enviaba la misma editora Isabel Sabogal Dunin-Borkowski, traductora, novelista
y poetisa bilingüe, criada entre Perú y Polonia, como reza su bio en la solapa
del libro. Poesía escogida de Czeslaw
Milosz, es una edición bilingüe (polaco y castellano) que contiene una
selección de poemas, con nota introductoria sobre el autor y el libro de Isabel Sabogal; y, auspiciada por la Embajada de la República de
Polonia y el ICPNA. Aquí dos poemas extraídos del libro.
La virgen de la salvación
Los lobos corrían en la oscuridad de las calles.
Había
noches en las que inútilmente
Las
mujeres se adornaban con los trajes más hermosos
Y
se juntaban en la roca, conjurando a los pájaros.
El
pájaro ve a lo bajo del mar oscuro, oscuro.
Una
vela roja arrastrada por el surco de la ola
Le
semeja ser un alga, el rostro de los náufragos
No
es para él el rostro de maridos ni amantes.
Pero
siglo tras siglo iba abriendo las manos
En
la capilla de granito de la Virgen de la Salvación.
De
verdad, el océano nos transforma en lo que realmente somos:
Niños
que fingen por un instante la sabiduría de los capitanes
Y
la humanidad es entonces una familia amorosa
Y
un milenio cuenta como un solo día.
Madre,
sálvame, fue pecaminosa mi vida,
Regrésame
a la tierra hermosa, dame tiempo aún.
Madre,
no lo merezco, pero comenzaré de nuevo,
Tú
no vivías muy lejos, pues estás junto a mí.
Y
con las capuchas chorreando agua, descalzos, gacha la cabeza,
Pensando:
por qué es que me salvó a mí,
Iban
a colocar el cirio prometido en su altar.
Luego
bebían, gritaban, las mujeres concebían.
Su
sonrisa indicaba, que lo hacían según su voluntad.
Del poemario El rey
Popiel y otros poemas (1962)
Del ciclo de poemas Crónicas
de la ciudad de Pornic
Estudio de la soledad
¿El
guarda de los conductos que atraviesan el desierto?
¿La
guarnición unipersonal de una fortaleza de arena?
Quienquiera
que fuese. Veía al amanecer los cerros ondulados
De
color ceniza, sobre la noche que se va derritiendo,
Impregnándose
de violeta, captando el fluir de la rosa,
Hasta
que se erguían, inmensos en la luz naranja.
Un
día tras otro. Un año tras otro, sin siquiera percatarse.
¿Para
quién, pensaba, ese esplendor? ¿Únicamente para mí?
Y
sin embargo perdurará, cuando yo ya no esté.
¿Y
qué es eso en el ojo de la lagartija? ¿Qué es lo que ve el pájaro en vuelo?
Si
yo soy la humanidad, ¿seguirá ella sin mí?
Y
sabía que llamar era en vano, pues ninguno de ellos lo redimiría.
1975
Del poemario Himno
sobre la Perla (1962)
Del ciclo de poemas II.
La montaña mágica
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